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¿Qué pasa con los museos de Madrid en Valencia? – Museo de Bellas Artes San Pío V de Valencia
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Image by Antonio Marín Segovia
El arte no es a mis ojos un regocijo solitario. Es un medio para conmover al mayor número de personas ofreciéndoles una imagen privilegiada de los sufrimientos y las alegrías comunes. En consecuencia obliga al artista a no aislarse; le somete a la verdad más humilde y más universal. Y quien frecuentemente ha escogido su destino de artista porque se sentía diferente aprende bien pronto que no nutrirá su arte, y su diferencia, más que confesando su semejanza con todos. El artista se forja en ese ir y volver perpetuo de sí mismo a los otros, a medio camino de la belleza a la que no puede renunciar y de la comunidad de la que no puede escindirse. Por eso los verdaderos artistas no desprecian nada; se obligan a comprender en lugar de juzgar. Y si tienen un partido a tomar en este mundo, no puede ser otro que el de una sociedad en la cual, según Nietzsche, ya no reinará el juez, sino el creador, ya sea trabajador o intelectual.

Albert Camus

¿Qué pasa con los museos de Madrid en Valencia?

Ahora todos son lamentaciones y reproches, pero lo que nadie parece exigir a los titulares legítimos de los museos nacionales existentes en la Comunidad Valenciana es mayores inversiones, con el fin de dotar de los necesarios medios humanos y técnicos a unos espacios expositivos que llevan muchos, muchísimos años abandonados.

Sí, digo bien cuando afirmo sin ambages que el Museo de Bellas Artes San Pío V y el Museo Nacional de Cerámica y Artes Suntuarias "González Martí" llevan años abandonados por el gobierno de España.

Y también no tengo reparo alguno en afirmar que también los valencianos, todos los valencianos sin apenas excepciones, han olvidado reivindicar con claridad, contundencia y reiteración una mayor y mejor financiación para esos museos de titularidad nacional, ubicados en la capital del Turia.

Durante décadas los gestores de la Generalitat Valenciana y la totalidad de los partidos políticos con representación institucional han dedicado muy pocos esfuerzos a la hora de reclamar -con la debida inteligencia y montaraz persistencia-, la necesaria ampliación y reforma de la que dicen ser la segunda pinacoteca de España, olvidando exigir que se proceda a iniciar la ampliación y mejora de las tercermundistas instalaciones del Museo Nacional de Cerámica "González Martí".

Apenas se han impulsado algunas iniciativas parlamentarias en el Congreso de los Diputados, gracias a la tenacidad e insistencia de algunas entidades cívicas como Círculo por la Defensa y Difusión del Patrimonio Cultural y Cercle Obert.

Y en los medios de comunicación han sido muy pocos los periodistas que han realizado una labor crítica y un análisis sobre las causas del deterioro y degradación que sufrían esos museos nacionales.

Mención especial y destacada merecen José Ricardo Seguí y Carlos Aimeur, que han estado durante años denunciando con argumentos contundentes y sin pelos en la lengua, la visible ruina y la nefasta gestión de nuestros museos.

Ahora, después de un robo y de una avería del aire acondicionado, todos se alarman por la precaria salud del Museo de Bellas Artes San Pío V, olvidando que esto son simples síntomas de una enfermedad mucho más grave y que amenaza en convertirse en metástasis si no existe un compromiso de todas las fuerzas políticas y de toda la sociedad en acabar con esa idea de que la cultura es simplemente un adorno, un entretenimiento para ociosos, para diletantes, para exquisitos incurables y con mucho tiempo libre.

Lo que subyace en la presente crisis que padece el San Pío V, es la falta de interés sincero por nuestra cultura, por nuestras señas de identidad como valencianos, pues hemos permitido (y seguimos tolerando) de manera activa y directa la degradación de nuestro Patrimonio Cultural, sin emplear los medios administrativos, legales y políticos para poner remedio y denunciarlo en tiempo y forma.

Es obvio que el gobierno de España no ha invertido lo necesario en el mantenimiento de nuestros museos, pero eso únicamente demuestra que nuestros representantes políticos y toda la sociedad valenciana no tienen ningún respeto ni aprecio por la cultura y sus diversas manifestaciones.

Ahora que parece que las fallas, los "bous al carrer" y las bandas de música van a recibir mejor trato que nuestros grandes museos, palacios, castillos, alquerías… sería conveniente que todos hiciésemos un esfuerzo por exigir al Ministerio de Educación, Cultura y Deportes que los museos no son una galería comercial, donde algunos "raros" van a pasar el tiempo o cultivar sus refinadas y trasnochadas obsesiones.

Sin una financiación adecuada, será totalmente imposible devolver la dignidad al Museo Nacional de Cerámica y Artes Suntuarias y al San Pío V. Pero debemos saber que esa ayuda económica -que precisan desesperada y urgentemente esos museos-, no se podrá obtener si no se ejerce una tenaz y feroz presión política, social y administrativa. Por ello conviene hacer un llamamiento a todos los valencianos para que dejen de guardar silencio ante el maltrato sistemático al que nos somete Madrid.

Y por favor no olvidemos nunca que todos los gobiernos, absolutamente todos (incluido el de Zapatero), han "olvidado" a Valencia. Aquí todos somos culpables, por acción u omisión. Unos han callado demasiado tiempo. Y otros se han dedicado a emplear el victimismo para entretener y confundir a los incautos.

Resumiendo: "El que no llora, no mama". Pues eso, dejemos de quejarnos virtualmente o cuando roban algunas piezas de la segunda pinacoteca de España o cuando se cae una alquería o se llena de termitas el artesonado de la Lonja de la Seda. Aprendamos a reclamar con habilidad y de manera sistemática lo que en justicia nos corresponde. No hace falta que lloremos por las esquinas cuando nos maltratan o se olvidan de "amarnos" nuestros "amigos" y "conocidos". Saquemos las garras y enseñemos los dientes a Madrid ahora y todos los días. Aprendamos a denunciar por escrito, pues tenemos motivos y argumentos de sobra.

No son los museos los que necesitan ayuda y corren peligro; somos todos los valencianos los que estamos en una situación de grave precariedad y riesgo, gracias a nuestra indolencia y pasividad.

Convendría exigir ya, (además de una mayor y justa financiación para el 2016), que Madrid proceda a entregar la titularidad de todos los bienes culturales (que son muchos) al gobierno de la Generalitat Valenciana.

Antonio Marín Segovia

Según la Ley 16/1985, de 25 de junio, del Patrimonio Histórico Español (PHE) son museos “las instituciones de carácter permanente que adquieren, conservan, investigan, comunican y exhiben, para fines de estudio, educación y contemplación, conjuntos y colecciones de valor histórico, artístico, científico y técnico o de cualquier otra naturaleza cultural.
Relacionado con este concepto, es necesario destacar que desde los últimos años del siglo XX los museos han ido convirtiéndose en un servicio público a disposición de los intereses culturales, educativos y recreativos de la sociedad, lo que nos permite atribuirles el derecho y la obligación de contar con el acondicionamiento más idóneo para que todos los miembros de la sociedad puedan acceder a los conocimientos que encierran. Sin embargo, son muy pocos los que han tenido en cuenta esta perspectiva en el momento de su creación, y tampoco demasiado numerosos los que han modificado sus proyectos originales para ampliar el número potencial de sus visitantes. Y, ello a pesar de que cada vez está más asumido por los poderes públicos el derecho de las personas con necesidades especiales a recibir igualdad de atención que el resto de los ciudadanos.

De igual forma, debemos tener en cuenta que el arte enriquece al hombre en su dimensión individual y contribuye a la configuración de una estructura de valores más amplia. Todas estas razones justifican lo que establece el artículo 27.1 de la Declaración Universal de los Derechos del Hombre: “Cada persona tiene el derecho a participar libremente en la vida artística y cultural de la comunidad”. Por esta razón debe ser una prioridad acercar y hacer accesibles los museos a TODOS.

De un tiempo a esta parte se ha extendido la noción de que los museos ya no deberían ser espacios dedicados exclusivamente a la conservación y exhibición de las obras de arte que contienen, sino que, además de cumplir con estas funciones básicas, se asume como natural que la acción educativa se expanda hacia diversos niveles, desde la educación formal hasta aquella más directamente relacionada con el ocio. Sin embargo, aún no somos conscientes de la responsabilidad que tienen los museos en materia de igualdad social, así como tampoco de las claras implicaciones que se derivan del hecho de que los procesos de inclusión y exclusión sean sistemas que se autorrefuerzan, de manera que cualquier organización que no luche por romper con las barreras de acceso está activamente manteniéndola. A esta observación hay que sumarse el hecho de que los museos, ya sean públicos o privados, ya sea de forma directa o indirecta –mediante la deducción del pago de impuestos-, total o parcial, están gestionados con dinero público, por lo que su campo de acción no debería quedar reducido exclusivamente al de la exhibición, ni al desarrollo de programas educativos que reproduzcan los discursos de los comisarios, ni mucho menos a campañas de comunicación que reducen la cultura a un mero acto celebratorio al tiempo que instrumento propagandístico al servicio de una marca.

A través de las obras de arte, los museos pueden proporcionar experiencias únicas a los ciudadanos asociadas con los significados colectivos, lo que es compartir patrimonio y a través de él generar discusión y debate, cuestiones esenciales de la democracia, alejándose del mercantilismo imperante y de las modas que imponen los medios de comunicación de masas.

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Image by Antonio Marín Segovia
El arte no es a mis ojos un regocijo solitario. Es un medio para conmover al mayor número de personas ofreciéndoles una imagen privilegiada de los sufrimientos y las alegrías comunes. En consecuencia obliga al artista a no aislarse; le somete a la verdad más humilde y más universal. Y quien frecuentemente ha escogido su destino de artista porque se sentía diferente aprende bien pronto que no nutrirá su arte, y su diferencia, más que confesando su semejanza con todos. El artista se forja en ese ir y volver perpetuo de sí mismo a los otros, a medio camino de la belleza a la que no puede renunciar y de la comunidad de la que no puede escindirse. Por eso los verdaderos artistas no desprecian nada; se obligan a comprender en lugar de juzgar. Y si tienen un partido a tomar en este mundo, no puede ser otro que el de una sociedad en la cual, según Nietzsche, ya no reinará el juez, sino el creador, ya sea trabajador o intelectual.

Albert Camus

¿Qué pasa con los museos de Madrid en Valencia?

Ahora todos son lamentaciones y reproches, pero lo que nadie parece exigir a los titulares legítimos de los museos nacionales existentes en la Comunidad Valenciana es mayores inversiones, con el fin de dotar de los necesarios medios humanos y técnicos a unos espacios expositivos que llevan muchos, muchísimos años abandonados.

Sí, digo bien cuando afirmo sin ambages que el Museo de Bellas Artes San Pío V y el Museo Nacional de Cerámica y Artes Suntuarias "González Martí" llevan años abandonados por el gobierno de España.

Y también no tengo reparo alguno en afirmar que también los valencianos, todos los valencianos sin apenas excepciones, han olvidado reivindicar con claridad, contundencia y reiteración una mayor y mejor financiación para esos museos de titularidad nacional, ubicados en la capital del Turia.

Durante décadas los gestores de la Generalitat Valenciana y la totalidad de los partidos políticos con representación institucional han dedicado muy pocos esfuerzos a la hora de reclamar -con la debida inteligencia y montaraz persistencia-, la necesaria ampliación y reforma de la que dicen ser la segunda pinacoteca de España, olvidando exigir que se proceda a iniciar la ampliación y mejora de las tercermundistas instalaciones del Museo Nacional de Cerámica "González Martí".

Apenas se han impulsado algunas iniciativas parlamentarias en el Congreso de los Diputados, gracias a la tenacidad e insistencia de algunas entidades cívicas como Círculo por la Defensa y Difusión del Patrimonio Cultural y Cercle Obert.

Y en los medios de comunicación han sido muy pocos los periodistas que han realizado una labor crítica y un análisis sobre las causas del deterioro y degradación que sufrían esos museos nacionales.

Mención especial y destacada merecen José Ricardo Seguí y Carlos Aimeur, que han estado durante años denunciando con argumentos contundentes y sin pelos en la lengua, la visible ruina y la nefasta gestión de nuestros museos.

Ahora, después de un robo y de una avería del aire acondicionado, todos se alarman por la precaria salud del Museo de Bellas Artes San Pío V, olvidando que esto son simples síntomas de una enfermedad mucho más grave y que amenaza en convertirse en metástasis si no existe un compromiso de todas las fuerzas políticas y de toda la sociedad en acabar con esa idea de que la cultura es simplemente un adorno, un entretenimiento para ociosos, para diletantes, para exquisitos incurables y con mucho tiempo libre.

Lo que subyace en la presente crisis que padece el San Pío V, es la falta de interés sincero por nuestra cultura, por nuestras señas de identidad como valencianos, pues hemos permitido (y seguimos tolerando) de manera activa y directa la degradación de nuestro Patrimonio Cultural, sin emplear los medios administrativos, legales y políticos para poner remedio y denunciarlo en tiempo y forma.

Es obvio que el gobierno de España no ha invertido lo necesario en el mantenimiento de nuestros museos, pero eso únicamente demuestra que nuestros representantes políticos y toda la sociedad valenciana no tienen ningún respeto ni aprecio por la cultura y sus diversas manifestaciones.

Ahora que parece que las fallas, los "bous al carrer" y las bandas de música van a recibir mejor trato que nuestros grandes museos, palacios, castillos, alquerías… sería conveniente que todos hiciésemos un esfuerzo por exigir al Ministerio de Educación, Cultura y Deportes que los museos no son una galería comercial, donde algunos "raros" van a pasar el tiempo o cultivar sus refinadas y trasnochadas obsesiones.

Sin una financiación adecuada, será totalmente imposible devolver la dignidad al Museo Nacional de Cerámica y Artes Suntuarias y al San Pío V. Pero debemos saber que esa ayuda económica -que precisan desesperada y urgentemente esos museos-, no se podrá obtener si no se ejerce una tenaz y feroz presión política, social y administrativa. Por ello conviene hacer un llamamiento a todos los valencianos para que dejen de guardar silencio ante el maltrato sistemático al que nos somete Madrid.

Y por favor no olvidemos nunca que todos los gobiernos, absolutamente todos (incluido el de Zapatero), han "olvidado" a Valencia. Aquí todos somos culpables, por acción u omisión. Unos han callado demasiado tiempo. Y otros se han dedicado a emplear el victimismo para entretener y confundir a los incautos.

Resumiendo: "El que no llora, no mama". Pues eso, dejemos de quejarnos virtualmente o cuando roban algunas piezas de la segunda pinacoteca de España o cuando se cae una alquería o se llena de termitas el artesonado de la Lonja de la Seda. Aprendamos a reclamar con habilidad y de manera sistemática lo que en justicia nos corresponde. No hace falta que lloremos por las esquinas cuando nos maltratan o se olvidan de "amarnos" nuestros "amigos" y "conocidos". Saquemos las garras y enseñemos los dientes a Madrid ahora y todos los días. Aprendamos a denunciar por escrito, pues tenemos motivos y argumentos de sobra.

No son los museos los que necesitan ayuda y corren peligro; somos todos los valencianos los que estamos en una situación de grave precariedad y riesgo, gracias a nuestra indolencia y pasividad.

Convendría exigir ya, (además de una mayor y justa financiación para el 2016), que Madrid proceda a entregar la titularidad de todos los bienes culturales (que son muchos) al gobierno de la Generalitat Valenciana.

Antonio Marín Segovia

Según la Ley 16/1985, de 25 de junio, del Patrimonio Histórico Español (PHE) son museos “las instituciones de carácter permanente que adquieren, conservan, investigan, comunican y exhiben, para fines de estudio, educación y contemplación, conjuntos y colecciones de valor histórico, artístico, científico y técnico o de cualquier otra naturaleza cultural.
Relacionado con este concepto, es necesario destacar que desde los últimos años del siglo XX los museos han ido convirtiéndose en un servicio público a disposición de los intereses culturales, educativos y recreativos de la sociedad, lo que nos permite atribuirles el derecho y la obligación de contar con el acondicionamiento más idóneo para que todos los miembros de la sociedad puedan acceder a los conocimientos que encierran. Sin embargo, son muy pocos los que han tenido en cuenta esta perspectiva en el momento de su creación, y tampoco demasiado numerosos los que han modificado sus proyectos originales para ampliar el número potencial de sus visitantes. Y, ello a pesar de que cada vez está más asumido por los poderes públicos el derecho de las personas con necesidades especiales a recibir igualdad de atención que el resto de los ciudadanos.

De igual forma, debemos tener en cuenta que el arte enriquece al hombre en su dimensión individual y contribuye a la configuración de una estructura de valores más amplia. Todas estas razones justifican lo que establece el artículo 27.1 de la Declaración Universal de los Derechos del Hombre: “Cada persona tiene el derecho a participar libremente en la vida artística y cultural de la comunidad”. Por esta razón debe ser una prioridad acercar y hacer accesibles los museos a TODOS.

De un tiempo a esta parte se ha extendido la noción de que los museos ya no deberían ser espacios dedicados exclusivamente a la conservación y exhibición de las obras de arte que contienen, sino que, además de cumplir con estas funciones básicas, se asume como natural que la acción educativa se expanda hacia diversos niveles, desde la educación formal hasta aquella más directamente relacionada con el ocio. Sin embargo, aún no somos conscientes de la responsabilidad que tienen los museos en materia de igualdad social, así como tampoco de las claras implicaciones que se derivan del hecho de que los procesos de inclusión y exclusión sean sistemas que se autorrefuerzan, de manera que cualquier organización que no luche por romper con las barreras de acceso está activamente manteniéndola. A esta observación hay que sumarse el hecho de que los museos, ya sean públicos o privados, ya sea de forma directa o indirecta –mediante la deducción del pago de impuestos-, total o parcial, están gestionados con dinero público, por lo que su campo de acción no debería quedar reducido exclusivamente al de la exhibición, ni al desarrollo de programas educativos que reproduzcan los discursos de los comisarios, ni mucho menos a campañas de comunicación que reducen la cultura a un mero acto celebratorio al tiempo que instrumento propagandístico al servicio de una marca.

A través de las obras de arte, los museos pueden proporcionar experiencias únicas a los ciudadanos asociadas con los significados colectivos, lo que es compartir patrimonio y a través de él generar discusión y debate, cuestiones esenciales de la democracia, alejándose del mercantilismo imperante y de las modas que imponen los medios de comunicación de masas.

¿Qué pasa con los museos de Madrid en Valencia?
salud belleza y moda,
Image by Antonio Marín Segovia
El arte no es a mis ojos un regocijo solitario. Es un medio para conmover al mayor número de personas ofreciéndoles una imagen privilegiada de los sufrimientos y las alegrías comunes. En consecuencia obliga al artista a no aislarse; le somete a la verdad más humilde y más universal. Y quien frecuentemente ha escogido su destino de artista porque se sentía diferente aprende bien pronto que no nutrirá su arte, y su diferencia, más que confesando su semejanza con todos. El artista se forja en ese ir y volver perpetuo de sí mismo a los otros, a medio camino de la belleza a la que no puede renunciar y de la comunidad de la que no puede escindirse. Por eso los verdaderos artistas no desprecian nada; se obligan a comprender en lugar de juzgar. Y si tienen un partido a tomar en este mundo, no puede ser otro que el de una sociedad en la cual, según Nietzsche, ya no reinará el juez, sino el creador, ya sea trabajador o intelectual.

Albert Camus

¿Qué pasa con los museos de Madrid en Valencia?

Ahora todos son lamentaciones y reproches, pero lo que nadie parece exigir a los titulares legítimos de los museos nacionales existentes en la Comunidad Valenciana es mayores inversiones, con el fin de dotar de los necesarios medios humanos y técnicos a unos espacios expositivos que llevan muchos, muchísimos años abandonados.

Sí, digo bien cuando afirmo sin ambages que el Museo de Bellas Artes San Pío V y el Museo Nacional de Cerámica y Artes Suntuarias "González Martí" llevan años abandonados por el gobierno de España.

Y también no tengo reparo alguno en afirmar que también los valencianos, todos los valencianos sin apenas excepciones, han olvidado reivindicar con claridad, contundencia y reiteración una mayor y mejor financiación para esos museos de titularidad nacional, ubicados en la capital del Turia.

Durante décadas los gestores de la Generalitat Valenciana y la totalidad de los partidos políticos con representación institucional han dedicado muy pocos esfuerzos a la hora de reclamar -con la debida inteligencia y montaraz persistencia-, la necesaria ampliación y reforma de la que dicen ser la segunda pinacoteca de España, olvidando exigir que se proceda a iniciar la ampliación y mejora de las tercermundistas instalaciones del Museo Nacional de Cerámica "González Martí".

Apenas se han impulsado algunas iniciativas parlamentarias en el Congreso de los Diputados, gracias a la tenacidad e insistencia de algunas entidades cívicas como Círculo por la Defensa y Difusión del Patrimonio Cultural y Cercle Obert.

Y en los medios de comunicación han sido muy pocos los periodistas que han realizado una labor crítica y un análisis sobre las causas del deterioro y degradación que sufrían esos museos nacionales.

Mención especial y destacada merecen José Ricardo Seguí y Carlos Aimeur, que han estado durante años denunciando con argumentos contundentes y sin pelos en la lengua, la visible ruina y la nefasta gestión de nuestros museos.

Ahora, después de un robo y de una avería del aire acondicionado, todos se alarman por la precaria salud del Museo de Bellas Artes San Pío V, olvidando que esto son simples síntomas de una enfermedad mucho más grave y que amenaza en convertirse en metástasis si no existe un compromiso de todas las fuerzas políticas y de toda la sociedad en acabar con esa idea de que la cultura es simplemente un adorno, un entretenimiento para ociosos, para diletantes, para exquisitos incurables y con mucho tiempo libre.

Lo que subyace en la presente crisis que padece el San Pío V, es la falta de interés sincero por nuestra cultura, por nuestras señas de identidad como valencianos, pues hemos permitido (y seguimos tolerando) de manera activa y directa la degradación de nuestro Patrimonio Cultural, sin emplear los medios administrativos, legales y políticos para poner remedio y denunciarlo en tiempo y forma.

Es obvio que el gobierno de España no ha invertido lo necesario en el mantenimiento de nuestros museos, pero eso únicamente demuestra que nuestros representantes políticos y toda la sociedad valenciana no tienen ningún respeto ni aprecio por la cultura y sus diversas manifestaciones.

Ahora que parece que las fallas, los "bous al carrer" y las bandas de música van a recibir mejor trato que nuestros grandes museos, palacios, castillos, alquerías… sería conveniente que todos hiciésemos un esfuerzo por exigir al Ministerio de Educación, Cultura y Deportes que los museos no son una galería comercial, donde algunos "raros" van a pasar el tiempo o cultivar sus refinadas y trasnochadas obsesiones.

Sin una financiación adecuada, será totalmente imposible devolver la dignidad al Museo Nacional de Cerámica y Artes Suntuarias y al San Pío V. Pero debemos saber que esa ayuda económica -que precisan desesperada y urgentemente esos museos-, no se podrá obtener si no se ejerce una tenaz y feroz presión política, social y administrativa. Por ello conviene hacer un llamamiento a todos los valencianos para que dejen de guardar silencio ante el maltrato sistemático al que nos somete Madrid.

Y por favor no olvidemos nunca que todos los gobiernos, absolutamente todos (incluido el de Zapatero), han "olvidado" a Valencia. Aquí todos somos culpables, por acción u omisión. Unos han callado demasiado tiempo. Y otros se han dedicado a emplear el victimismo para entretener y confundir a los incautos.

Resumiendo: "El que no llora, no mama". Pues eso, dejemos de quejarnos virtualmente o cuando roban algunas piezas de la segunda pinacoteca de España o cuando se cae una alquería o se llena de termitas el artesonado de la Lonja de la Seda. Aprendamos a reclamar con habilidad y de manera sistemática lo que en justicia nos corresponde. No hace falta que lloremos por las esquinas cuando nos maltratan o se olvidan de "amarnos" nuestros "amigos" y "conocidos". Saquemos las garras y enseñemos los dientes a Madrid ahora y todos los días. Aprendamos a denunciar por escrito, pues tenemos motivos y argumentos de sobra.

No son los museos los que necesitan ayuda y corren peligro; somos todos los valencianos los que estamos en una situación de grave precariedad y riesgo, gracias a nuestra indolencia y pasividad.

Convendría exigir ya, (además de una mayor y justa financiación para el 2016), que Madrid proceda a entregar la titularidad de todos los bienes culturales (que son muchos) al gobierno de la Generalitat Valenciana.

Antonio Marín Segovia

Según la Ley 16/1985, de 25 de junio, del Patrimonio Histórico Español (PHE) son museos “las instituciones de carácter permanente que adquieren, conservan, investigan, comunican y exhiben, para fines de estudio, educación y contemplación, conjuntos y colecciones de valor histórico, artístico, científico y técnico o de cualquier otra naturaleza cultural.
Relacionado con este concepto, es necesario destacar que desde los últimos años del siglo XX los museos han ido convirtiéndose en un servicio público a disposición de los intereses culturales, educativos y recreativos de la sociedad, lo que nos permite atribuirles el derecho y la obligación de contar con el acondicionamiento más idóneo para que todos los miembros de la sociedad puedan acceder a los conocimientos que encierran. Sin embargo, son muy pocos los que han tenido en cuenta esta perspectiva en el momento de su creación, y tampoco demasiado numerosos los que han modificado sus proyectos originales para ampliar el número potencial de sus visitantes. Y, ello a pesar de que cada vez está más asumido por los poderes públicos el derecho de las personas con necesidades especiales a recibir igualdad de atención que el resto de los ciudadanos.

De igual forma, debemos tener en cuenta que el arte enriquece al hombre en su dimensión individual y contribuye a la configuración de una estructura de valores más amplia. Todas estas razones justifican lo que establece el artículo 27.1 de la Declaración Universal de los Derechos del Hombre: “Cada persona tiene el derecho a participar libremente en la vida artística y cultural de la comunidad”. Por esta razón debe ser una prioridad acercar y hacer accesibles los museos a TODOS.

De un tiempo a esta parte se ha extendido la noción de que los museos ya no deberían ser espacios dedicados exclusivamente a la conservación y exhibición de las obras de arte que contienen, sino que, además de cumplir con estas funciones básicas, se asume como natural que la acción educativa se expanda hacia diversos niveles, desde la educación formal hasta aquella más directamente relacionada con el ocio. Sin embargo, aún no somos conscientes de la responsabilidad que tienen los museos en materia de igualdad social, así como tampoco de las claras implicaciones que se derivan del hecho de que los procesos de inclusión y exclusión sean sistemas que se autorrefuerzan, de manera que cualquier organización que no luche por romper con las barreras de acceso está activamente manteniéndola. A esta observación hay que sumarse el hecho de que los museos, ya sean públicos o privados, ya sea de forma directa o indirecta –mediante la deducción del pago de impuestos-, total o parcial, están gestionados con dinero público, por lo que su campo de acción no debería quedar reducido exclusivamente al de la exhibición, ni al desarrollo de programas educativos que reproduzcan los discursos de los comisarios, ni mucho menos a campañas de comunicación que reducen la cultura a un mero acto celebratorio al tiempo que instrumento propagandístico al servicio de una marca.

A través de las obras de arte, los museos pueden proporcionar experiencias únicas a los ciudadanos asociadas con los significados colectivos, lo que es compartir patrimonio y a través de él generar discusión y debate, cuestiones esenciales de la democracia, alejándose del mercantilismo imperante y de las modas que imponen los medios de comunicación de masas.